Son las diez de la mañana. En la capilla ya está acomodada la urna de madera, sencilla, sobria. La rodean unos ramos de flores blancas y también las banderas de Acción Nacional y de México. Atrás, solamente nueve coronas grandes, enviadas quizá por quienes no se enteraron de la petición: no mandar flores y en lugar de ellas hacer llegar donativos para la Obra Salesiana. El ambiente es tranquilo, relajado, con discretas charlas en voz baja.
En esa urna está quien en 1983 fue capaz de movilizar a los juarenses y de conducirlos a la primera y sonora derrota del partido oficial: 81 mil 940 votos para el PAN contra 51 mil 354 del PRI. Así de contundente la elección, así de claros los números, de ese tamaño la victoria de Francisco Barrio, el que dio nuevo rostro al PAN y refrescó la política regional y nacional. A él es a quien en este sábado se le dijo adiós o hasta pronto o hasta luego.




Al frente, recibiendo las condolencias, los cinco hijos y Hortensia, la esposa. Ahí están Cecilia, Victoria, Adriana, Marcela y Francisco. A ellos llegan ordenadamente, sin prisas, grupos de personas que ya llenan por completo el estacionamiento de la funeraria. Gente madura principalmente, de ropa oscura, que habla discretamente. Panistas, la mayoría, pero también de otros partidos y sin partido.
Es la mañana del adiós, el momento de hablar de quien se va, de dirigirle las últimas palabras, de repasar la vida, de decirle a la memoria qué debe guardar, para que el tiempo no se lo lleve y para que los recuerdos de los hechos acompañen siempre a los que se quedan.
Es el momento de decir que en esa urna reposa quien encabezó la más grande manifestación política de toda la historia de esta ciudad. Aquella marcha memorable, la de la victoria, la del 9 de julio de 1983, que reunió a miles y miles de juarenses que dijeron no estar dispuestos a aceptar un fraude que se veía llegar Y la marcha fue grande, inmensa, sin precedentes. Partió de las cercanías del parque Borunda y tenía como punto de llegada la Plaza de Armas.


Para muchos, está clara la imagen: en la marquesina del desaparecido cine Plaza se instaló la tribuna, desde donde habló Francisco Barrio, desde donde podía contemplar la gente que invadió la plaza y ocupó las bocacalles cercanas. En ese 9 de julio una buena parte de los asistente se acomodó en el tramo de la 16 de septiembre que va hasta la vieja Presidencia Municipal, pero el espacio resultaba insuficiente porque la gente seguía llegando. Nunca antes se había reunido tanto juarense de manera espontánea, libre, sin acarreos.
Quienes colaboraron con Barrio en aquel primer gobierno panista de la ciudad, son los primeros en hacer una guardia en torno a la urna. Los acompañan dos exalcaldes: Ramón Galindo y Gustavo Elizondo. Ahí están los que fueron jóvenes funcionarios. De ellos, habla Ramón Galindo, emocionado y después Sergio Madero quien dice que ser un buen recuerdo es una manera de quedarse y que Francisco Barrio es ya mucho más que un recuerdo.


Se acerca la hora del servicio religioso y la gente sigue llegando. Próximo a la puerta, con discreción, se sienta Javier Corral, acompañado de la esposa. A las cuatro de la tarde, tres sacerdotes se preparan para oficiar la misa, en la que reciben la comunión largas filas de asistentes. Ya en los últimos minutos, toman la palabra dos de los hijos. Marcela lee una carta con la que se dirige al padre. Sencilla, clara emotiva, con voz firme. Habla luego Francisco, al que se le quiebra varias veces la voz y hace pausas para continuar. Evoca a su padre y le agradece todo lo que le dio.

Uno de los sacerdotes recuerda que ya pasan de las cinco de la tarde y hay otro servicio en ese espacio, por lo que invita a desalojar. Hortensia, la esposa, toma la urna entre sus manos y camina lentamente hacia la salida, entre una valla que se forma de manera espontánea. Con ella van los hijos y entre aplausos fuertes abandona la capilla para detenerse en el vestíbulo, donde continúa recibiendo abrazos y condolencias.
Empieza a vaciarse el lugar. Entre los que se van está Gustavo de la Rosa, morenista, quien expresa un comentario de manera resumida en dos frases: Barrio fue una gran esperanza y también adversario feroz.

En las manos de algunos asistentes van unos pequeños carteles con el rostro de Francisco Barrio, el de la victoria de 1983, el que derrotó al PRI, el que también fue gobernador, el que inició la alternancia en el estado de Chihuahua, el que hizo posible lo que parecía imposible. El que hoy está en esa sencilla urna de madera que lleva su esposa.
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