Lo único que impedía que la corriente se llevara el vehículo con los nueve integrantes de una familia era una pequeña barda. Adentro, entre el miedo, los gritos de auxilio y la desesperación, cinco menores de edad y cuatro adultos esperaban que alguien llegara a rescatarlos.
Habían viajado desde El Paso, Texas, para visitar a la abuela que vive en la colonia Felipe Ángeles, pero la tormenta que azotó la tarde de este sábado el poniente de Ciudad Juárez estuvo a punto de convertir el encuentro familiar en una tragedia.

Dos bebés, tres niños y cuatro adultos sobrevivieron a la creciente del Arroyo de las Víboras, después de que la fuerza del agua arrastró su vehículo y los dejó atrapados, sin posibilidades de ponerse a salvo por sus propios medios.
“La verdad no nos podíamos bajar, la corriente estaba muy fuerte. Mi hermana se quería bajar y le dije: ‘No, no te bajes porque la corriente te va a llevar’. Lo único que nos detenía era una bardita”, relató una de las sobrevivientes, todavía afectada por lo ocurrido.
La familia Débora había emprendido el recorrido sin imaginar lo que enfrentarían minutos después.
“Venía subiendo, empezó a chispear cuando íbamos por el Parque de la Tortuga y luego empezaron a caer bolas como de nieve que pegaban bien duro”, recordó.
La lluvia se intensificó y el tráfico quedó prácticamente detenido. En cuestión de minutos, el agua comenzó a ganar fuerza y el vehículo quedó atrapado.
“De repente aquí se armó el tráfico machín y me dice mi mamá: ‘Vete por el lado’, y yo le dije que no se podía, que se iba a poner todo muy fuerte”.
La madre sugirió abandonar el automóvil, pero para entonces la corriente ya era demasiado intensa.
“Mi mamá me dice: ‘¿Pues abandonamos el carro o qué?’, pero ya ni nos podíamos bajar. Le dije que no se podían bajar porque se los podía llevar la corriente”.
No podían avanzar, pero tampoco escapar.
El vehículo terminó arrastrado por el torrente hasta quedar atorado contra un tope, donde permanecieron durante varios minutos, inclinado y con todos sus ocupantes en el interior.
“Nos arrastró la corriente y nos atoramos en ese tope, volteados por un buen rato”, contó.
Los gritos de auxilio se mezclaban con el ruido del agua. Cada intento de salir representaba el peligro de que la corriente arrastrara a alguno de los ocupantes.
Un desconocido les devolvió la esperanza
Cuando la familia permanecía atrapada, un hombre a bordo de una camioneta de grandes dimensiones se acercó para ofrecerles ayuda.
“Vino un muchacho en una camioneta muy grande, tipo bomberos, y nos preguntó que si queríamos que nos sacara. Le dije: ‘Sí, por favor’”.
En medio de la emergencia, la prioridad fue sacar a los pequeños.
“A los niños se los aventé de volada y ya yo también salté para ayudarle a cargar a los bebés. Le dije muchas gracias por ayudarnos”, narró.
Uno a uno, los integrantes de la familia consiguieron abandonar el vehículo y ponerse a salvo.
El rescate permitió que los nueve sobrevivieran a una creciente que, de acuerdo con sus familiares, pudo haberlos arrastrado aguas abajo, entre el lodo y los escombros.
Conforme sus seres queridos fueron llegando al lugar, la preocupación dio paso al alivio de encontrarlos con vida.
“Gracias a Dios”, repetían los sobrevivientes, agradecidos también con el desconocido que se detuvo a ayudarlos cuando estaban atrapados.
“Estaba llorando y me dolía la panza”
El peligro no terminó cuando lograron salir del automóvil.
Desde el lugar donde se encontraban observaron cómo la corriente arrastraba otro vehículo y, momentos después, vieron a un joven flotando entre el agua.
“Luego vimos que a otro carro se lo llevó la corriente. Yo pensé que era un carro, pero de pronto vimos a un muchacho flotando”, contó una de las sobrevivientes.
Según su relato, el joven fue arrastrado hacia un desnivel y apareció más adelante, sin que se conociera en ese momento su condición.
La escena aumentó la impresión que había dejado en la familia su propia experiencia.
Cuando le preguntaron a una de las sobrevivientes qué había sentido durante aquellos minutos, no intentó ocultar el miedo.
“Se sintió terrible. Estaba llorando y me dolía la panza”, confesó.
Todavía con el susto reflejado en sus palabras, los integrantes de la familia reconocieron que no habrían podido salir solos del vehículo.
Habían cruzado la frontera para visitar a la abuela y terminaron enfrentando una corriente que pudo arrebatarles la vida.
Esta vez, los nueve pudieron contar lo sucedido.
Entre el agua, el lodo y la destrucción que dejó la tormenta en el Arroyo de las Víboras, la familia se aferró a una pequeña barda hasta que un desconocido apareció para auxiliarlos.
Volvieron a encontrarse todos con vida. Y eso, después de lo que acababan de enfrentar, era lo único que importaba.
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