Pues nada, que Daniela Álvarez ya reconoció lo que en los corrillos panistas se comenta desde hace rato: sí contempla ir por la alcaldía de Juárez. Aunque, a la hora de decirlo, apenas abrió tantito la puerta.
“Es una posibilidad. Es la primera vez que se los reconozco, que se los acepto públicamente”, soltó la presidenta estatal del PAN.
No fue el “¡sí voy!” con fanfarrias, pero tampoco el acostumbrado “a mí no me vean”. Digamos que fue un destape de puntitas, de esos en los que se asoma la cabeza para ver cómo anda el ambiente.
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La dirigente pidió esperar al 18 de octubre, cuando vence el plazo para entregar las firmas del proceso que desarrolla el PAN municipal. Después de eso, prometió, compartirá más información.
Por lo pronto, aclaró que no forma parte de la mesa especial encargada de ese procedimiento porque no quiere “contaminar”. Así que habrá que ver cómo acomoda las cachuchas y, sobre todo, si deja la dirigencia estatal para buscar la alcaldía.
Hasta ahora, lo que hay es una aspiración reconocida. Mientras, la renuncia y la candidatura siguen en el cajón de las posibilidades.
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Pero el que le puso acompañamiento al “destape” fue Santiago Taboada, secretario nacional de Acción Política: “El que suspira, aspira”, dijo, y celebró que haya varios interesados en encabezar las coordinaciones.
El suspiro, pues, tiene permiso. La candidatura todavía tendrá que recorrer su camino.
Y ya entrados en gastos, Taboada explicó qué ocurriría si Daniela renuncia: la Secretaría de Fortalecimiento del PAN tendría que iniciar el procedimiento con quien quede en funciones y llevarlo a la Comisión Permanente Estatal para cubrir las vacantes.
Así las cosas: Daniela apenas dijo “es una posibilidad” y Taboada ya explicó cómo llenar el hueco.
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César Jáuregui no se arrepiente de nada. Admitió la participación de agentes extranjeros en una operación de seguridad nacional y, con ello, provocó un conflicto institucional entre los Gobiernos federal y estatal. Las consecuencias están a la vista.
Pero él no se arrepiente porque, dice, hizo lo correcto. Es más: si volviera a enfrentarse a la misma situación que se presentó entre el 17 y el 19 de abril pasados, lo volvería a hacer, según sus propias palabras.
El exfiscal, convertido ahora en aspirante del PAN a la Presidencia Municipal, difundió en redes sociales un video en el que se defiende de los señalamientos que le hizo la gobernadora María Eugenia Campos Galván en una entrevista concedida al medio Latinus.
En ella, la mandataria aseguró que Jáuregui actuó motu proprio y que no podía perdonarlo. Además, advirtió que hay carpetas de investigación sobre esos hechos, tanto en la Fiscalía General del Estado (FGE) como en la Fiscalía General de la República (FGR), y que están próximas a concluir.
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El exsecretario general de Gobierno, fiscal general del Estado y dos veces coordinador de la bancada del PAN en el Congreso local, no solo no negó los hechos, sino que se atrevió a asegurar que no violó la ley.
La participación de cuatro agentes estadounidenses —presuntamente de la CIA— en un operativo de seguridad provocó una ruptura institucional entre ambos Gobiernos y un claro distanciamiento entre la gobernadora Campos y la presidenta Claudia Sheinbaum.
Pero, para Jáuregui, eso no estuvo mal. Es más —dijo—, si el Estado le echa el guante por esos hechos, está listo para asumir la responsabilidad “con orgullo”.
Lo que no quedó claro es qué es exactamente lo que volvería a hacer: ¿admitir la participación de cuatro agentes extranjeros en la planeación del hallazgo —que no desmantelamiento— de un narcolaboratorio, o mentirle a todo el mundo al negar la presencia de dichos agentes y salir con la chambonada de que les habían dado un ride?
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Entrado en el tema, Jáuregui aprovecha el viaje para darle un empellón a los actos políticos que ha organizado su partido hasta la fecha.
“Nadie debería asistir a un evento por miedo a perder su empleo. Nadie debiera tener que escoger entre su tranquilidad y su derecho a opinar”, dijo.
Si no fue pedrada, ¿por qué se oyó el golpazo? Esa indirecta tan directa no pudo tener otro destinatario que el acto del sábado pasado en Juárez, donde Marco Bonilla rindió protesta como precandidato del PAN al Gobierno del Estado.
Lo dice alguien que estuvo en ese evento y que, además, ha presenciado los “destapes” de candidatos panistas durante los últimos 30 años.
Algo le supo y algo le sabe al PAN después de décadas de servirle desde diversas trincheras. La diferencia es que nunca se quejó, sino hasta ahora, cuando le toca recibir las mismas que antes repartió.
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La sombra de las elecciones de 1998 se cierne ahora sobre el Partido Acción Nacional y ya tiene asustada a esa parte del partido que vivió el amargo sinsabor de devolver el poder al PRI apenas seis años después de haberlo alcanzado.
Una parte del panismo tradicional, la que ya vivió las consecuencias de salir divididos de una contienda interna, está trabajando para evitar que se repita aquel penoso asunto, en el que las fracciones más radicales del blanquiazul prefirieron perder la gubernatura ante el PRI antes que aceptar como candidato al “favorito” del gobernador, Eduardo Romero, exsecretario general en la administración de Francisco Barrio.
“¡Cuidado!”, dicen en privado, porque ya vieron en qué acaban esas películas y, francamente, no les gusta el final: la militancia se divide en dos fracciones que apoyan, cada una, a su respectivo precandidato; el uno acusa al otro de no ser, digamos, un “panista químicamente puro” y desata los ánimos entre los electores de los procesos internos.
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Ayer viernes, Santiago Taboada se reunió en privado —dentro del vehículo que lo transportó por la ciudad— con el abogado Luis Villegas, representante legal de César Jáuregui, y con Juan Blanco, el probable compañero de fórmula del exfiscal que insiste en ser candidato a la alcaldía por el blanquiazul.
Villegas le entregó a Taboada un escrito y, posteriormente, tanto él como Blanco abordaron el vehículo en el que también viajaba el dirigente panista. Así se fueron, sin decir palabra. Ni Villegas ni Blanco explicaron a detalle qué decía la carta que entregaron.
Lo que sí llamó la atención fue la deferencia que mostró Taboada hacia Juan Blanco, el exalcalde de la capital que alguna vez fue una de las cartas más fuertes del panismo para alcanzar una gubernatura.
¿Cómo le fue al panismo hace casi 30 años? Quienes lo vivieron recuerdan la convención celebrada en el gimnasio Manuel Bernardo Aguirre, en la capital del estado, donde cuatro aspirantes buscaban la candidatura para suceder a Francisco Barrio en el Gobierno del Estado. Cuatro, pero en realidad eran dos contra uno y otro más que salió rápido de la contienda.
Al final, quedaban solo Eduardo Romero, el candidato “oficial”, y Ramón Galindo, alcalde de Juárez. Las huestes de Galindo pactaron con las de Enrique Terrazas, el tercer aspirante que acababa de salir de la competencia, y, entre los dos, llevaron a Galindo a la candidatura. “Le ganamos a Barrio”, decían.
Meses después, otro grupo político pudo decir casi lo mismo: “Se la ganamos a Barrio”, pero estos no eran panistas, sino los priistas que veían que su candidato a la gubernatura, Patricio Martínez, se alzaba con el triunfo con una cómoda ventaja sobre Galindo. Ahí sí que se les hizo bueno el grito de batalla de los que conspiraron contra el candidato de Barrio: “Preferimos perder la elección que votar por Romero”.
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En el remake de 2026, no está en juego la candidatura al Gobierno del Estado, pero sí la presidencia de uno de los municipios que más le importan al PAN nacional: Chihuahua.
No se trata de una capital más de las que ya gobiernan en la actualidad, sino de un auténtico banco de votos donde consiguen no solo el Gobierno Municipal, y con cierta holgura, sino también representación suficiente en el Congreso del Estado y un generoso “colchón” de votos para subirle a la votación total del partido en el estado.
¿Perderían la elección a causa del encontronazo entre César Jáuregui y toda la corriente que apoya a Santiago De la Peña?
Lo que sí está en la mesa, y es lo que preocupa a los operadores del PAN, es el encono con el que se está discutiendo el tema y la posibilidad de que el bando perdedor salga a hacer campaña solo para el candidato al Gobierno del Estado. No perderían la capital, pero sí le bajarían, y en buena medida, al caudal de votos panistas que consiguen en ese enclave.
Cuidado: ya estuvieron ahí antes y tardaron años en recuperarse.
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En la búsqueda de candidaturas para Chihuahua capital, las versiones que llegan a Mirone apuntan a que Cruz Pérez Cuéllar estaría explorando perfiles para impulsar un “candidato de unidad”. Entre los nombres que circulan habría figuras con trayectoria fuera de Morena.
Las malas lenguas que le cuentan todo a Mirone dicen que esa sería la razón por la que la diputada Brenda Ríos salió con aquello de “no lo sé, quizá, puede ser, a lo mejor”.
Llamó la atención que la legisladora, quien ha mantenido un fuerte activismo durante los últimos tres años y un constante cuestionamiento a Marco Bonilla cuando era alcalde de Chihuahua, salga ahora con un “quién sabe”. ¿Y eso por qué?
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Cercanos al coordinador morenista nos cuentan que, tras un intento sin éxito de convencer al empresario Eugenio Baeza, estarían buscando otras figuras, incluso entre quienes quedaron fuera de las opciones del PAN, para explorar si les interesa competir bajo las siglas de la 4T.
Según esas versiones, después de insistirle a Baeza, dueño de una de las empresas de embutidos más grandes del país, y recibir negativas como respuesta, la búsqueda se habría dirigido hacia alguien presente en la memoria del electorado, a quien la gente pueda ubicar rápidamente por nombre y apellido.
Esa opción sería alguien que ya anduvo en la carrera por la candidatura del PAN y que todavía esté visible en las carteleras de la ciudad. Según las mismas malas lenguas, el foco estaría puesto en Rafael “Rafa” Loera, el exsecretario de Desarrollo Humano y Bien Común.
Por ahora, se trata de versiones sobre un posible acercamiento, no de una postulación confirmada.
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Aquí lo que habría que ver es cómo tomaría el morenismo de Chihuahua capital esa posibilidad, después de que distintas figuras han estado dando la cara por la 4T y buscando construir una candidatura.
La diputada Brenda Ríos ya tenía sus horas de vuelo acumuladas como aspirante a la alcaldía, mientras que otra parte de la militancia todavía considera que Marco Quezada conserva el arrastre de los años en que fue alcalde. Ambos cuentan con campañas previas por la Presidencia Municipal, aunque no consiguieron el triunfo.
¿Dónde está el detalle? En los cuestionamientos al chapulineo y en la exigencia de afinidad ideológica que expresa un sector del morenismo capitalino en redes sociales.
Si la opción terminara siendo un perfil procedente del PAN, la dirigencia tendría que explicar qué criterios pesaron para elegirlo por encima de quienes ya buscaban la candidatura dentro del movimiento. Y quienes hoy cuestionan los cambios de camiseta tendrían que decidir si mantienen el reclamo cuando el recién llegado toca a su puerta.
Porque una cosa es buscar al candidato de unidad y otra conseguir que todos se formen para la foto.
Don Mirone