Ciudad Juárez requiere una inversión de entre 15 mil y 20 mil millones de pesos para contar con un sistema pluvial que cubra adecuadamente la ciudad, estima Efrén Matamoros, exdirector de Protección Civil.
Por la magnitud del proyecto, el exfuncionario plantea que los tres niveles de gobierno deberían participar en una estrategia de largo plazo para distribuir los costos de una infraestructura que difícilmente podría ser atendida por un solo ente de gobierno

La estimación pone dimensión económica a un problema que las recientes lluvias volvieron a exhibir: una infraestructura pluvial insuficiente para una ciudad que recibe el agua de la sierra, concentra sus escurrimientos en zonas bajas y utiliza buena parte de su red de drenaje sanitario para enfrentar precipitaciones que superan su capacidad.
La contingencia que empezó a agravarse desde el 22 de septiembre dejó alrededor de 700 viviendas afectadas en al menos 400 colonias, de las cuales 48 fueron consideradas de atención prioritaria.
También se reportaron aproximadamente 200 vehículos arrastrados, 373 servicios de emergencia, 112 inundaciones, 14 rescates, 10 caídas de bardas y 10 derrumbes.

El saldo no se limita a daños materiales. Las lluvias de los últimos años han dejado personas muertas tras ser arrastradas por corrientes de agua. Durante la contingencia de septiembre de este año, destaca el caso de Cruz Leonardo Rodríguez Páez, de 16 años, quien murió por asfixia por sumersión en un dique de la colonia Villa Bonita.
La pregunta que vuelve con cada tormenta es cuánto de estas tragedias corresponde a la fuerza de la naturaleza y cuánto revela una ciudad que durante años ha acumulado pendientes en materia de prevención, mantenimiento y obras para conducir el agua.
Una ciudad que recibe el agua de la sierra
Matamoros explica que la propia geografía de Juárez aumenta la velocidad con la que el agua llega a las zonas bajas.
“Estamos como en un hoyo”, señala al describir la condición de la ciudad, hacia donde descienden escurrimientos provenientes de la parte alta.
La contingencia de septiembre dejó un ejemplo de esa presión sobre la ciudad. Las precipitaciones de las noches del 22 y 23 de septiembre alcanzaron acumulaciones de hasta 47.6 milímetros, acompañadas de descargas eléctricas, granizo y ráfagas de viento de hasta 66 kilómetros por hora.
Pero el problema no terminó cuando dejó de llover. La humedad acumulada y el peso extraordinario del agua dejaron al descubierto alrededor de 35 hundimientos en distintos puntos de la ciudad; el norponiente y el nororiente concentraron 23 de ellos.

El agua también ha cobrado vidas
Las consecuencias más graves de las lluvias no pueden medirse únicamente en viviendas dañadas o vialidades cerradas.
En agosto de 2024, Rafael Antonio Rodríguez Ibarra, estudiante de 16 años, fue arrastrado por una corriente formada en la calle Tapioca. Después de casi un día y medio de búsqueda, su cuerpo fue localizado dentro de un dique cercano al fraccionamiento Gardeno.
La historia de Tapioca ya era conocida por los vecinos antes de aquella tragedia. El sitio corresponde a un arroyo natural identificado por el propio Plan Sectorial de Manejo de Agua Pluvial como parte de la cuenca Aeropuerto, considerada una zona de riesgo.
Los habitantes incluso habían obtenido un proyecto de infraestructura pluvial mediante el Presupuesto Participativo 2022, aunque la obra no había sido construida por falta de presupuesto.
Un año después, la misma vialidad volvió a convertirse en escenario de una tragedia.
En octubre de 2025, Arturo Larquier Hernández, de 56 años, murió luego de ser arrastrado por la corriente en el cruce de Tapioca y Paseo de la Victoria durante una tormenta.
Paramédicos y ciudadanos lograron auxiliarlo y trasladarlo a la Clínica 48 del IMSS, pero llegó sin signos vitales. Con su muerte sumaron dos tragedias ocurridas en esa misma vialidad en poco más de un año.
Durante la contingencia de septiembre de 2026, otra muerte se registró en un vaso de captación, esta vez en la colonia Villa Bonita.
Cruz Leonardo Rodríguez Páez, de 16 años, fue identificado por sus familiares después de que su cuerpo fuera localizado en el dique ubicado en el cruce de las calles Hidalgo y De Burdeos. De acuerdo con la necropsia realizada por las autoridades, murió por asfixia por sumersión.
Según el relato de lo ocurrido, la noche del lunes 28 de septiembre el adolescente caminaba por el borde del vaso de captación cuando cayó al agua. Vecinos señalaron que lo escucharon pedir auxilio y que, instantes después, dejaron de oírlo.
Integrantes del Heroico Cuerpo de Bomberos realizaron labores de búsqueda y localizaron su cuerpo cerca de 20 horas después.




Los antecedentes son todavía más antiguos.
En septiembre de 2007, Jazmín García Baca, de 13 años, cayó en un colector de aguas residuales colapsado, sobre la avenida Ejército Nacional. Un hombre identificado como Andrés Castro intentó rescatarla, pero ambos fueron arrastrados por la corriente y posteriormente encontrados sin vida.
Las tragedias no son idénticas ni ocurrieron bajo las mismas circunstancias. En unos casos hubo personas arrastradas por corrientes; en Villa Bonita, un adolescente cayó a un vaso de captación. Todas muestran los riesgos que el agua acumulada o en movimiento representa para la población.

Bomberos rebasados y maquinaria solicitada
Durante la emergencia de septiembre, el comandante de Bomberos, Jorge Ignacio Puentes, mencionó que la dependencia desplegó cuatro motobombas grandes de alto flujo y cuatro pequeñas para domicilios, además de vehículos 4×4, cuatrimotos y otras unidades para ingresar a las zonas afectadas.
Al momento de la entrevista, alrededor de 80 bomberos trabajaban distribuidos por toda la ciudad y en turnos.
“Pues nosotros, este, sí nos vemos rebasados porque ante la naturaleza nadie puede hacer nada”, remarcó.
Agregó que todas las autoridades, “sin ver colores, sin ver partidos”, deberían ponerse en los zapatos de la ciudadanía para apoyarse mutuamente ante los fenómenos meteorológicos.
Indicó que en el último temporal atendieron sectores como Riberas del Bravo, Rincón de los Olivos, Gardeno, Insurgentes, Fernando Montes de Oca, la Zona Centro, la colonia Azteca, Zaragoza, Águilas de Zaragoza y El Sauzal.
Además, Protección Civil Municipal solicitó al Gobierno del Estado maquinaria para desazolvar diques, arroyos y drenajes, retirar lodo y escombros, reparar socavones y recuperar vialidades.
Entre los equipos solicitados están retroexcavadoras, motobombas, motoconformadoras, cargadores frontales, camiones de volteo, unidades hidroneumáticas, pipas y compactadoras.
El 29 de septiembre se aprobó la solicitud de declarar a Juárez en estado de emergencia, de acuerdo con información del secretario general de Gobierno del Estado, Santiago de la Peña.
La declaración permite que se otorguen recursos “extraordinarios” para sobrellevar y resolver las problemáticas que las lluvias torrenciales han dejado.
Anteriormente, esta solicitud había sido negada porque no se le proporcionaba al estado el número exacto de personas afectadas y porque la petición conservaba el nombre del presidente con licencia, Cruz Pérez Cuéllar.

La inversión y las decisiones sobre dónde construir
El planteamiento de Matamoros apunta a que municipio, estado y federación compartan los costos de una solución de largo plazo. La inversión que se estima entre 15 mil y 20 mil millones de pesos, rebasa lo que, desde su experiencia, podría atender una sola administración.
A la insuficiencia de infraestructura se suman los cuestionamientos sobre las zonas donde se ha permitido construir.
Ramón Galindo, exalcalde de Ciudad Juárez (1995 a 1997), afirma que el Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP) ha dejado de funcionar de forma correcta. Lo señala como el ente responsable de haber permitido construcciones urbanas en zonas que no deberían estar pobladas por el riesgo que conllevan, sobre todo en épocas de lluvias.
“Son decisiones tan estúpidas, el permitir desarrollos como en Riberas del Bravo, que hoy son un infierno para los habitantes y las familias que viven ahí. Hoy le cuesta muy caro a la ciudad, porque es casi imposible que el municipio o el estado puedan con todo”, exclamó.


Lo que el agua ya no regresará
La contingencia de septiembre dejó cientos de viviendas afectadas, vehículos arrastrados, calles destruidas, hundimientos y rescates.
Pero detrás de esas cifras permanece una consecuencia que las temporadas de lluvia han repetido durante años: personas que no regresan a casa.
Jazmín y Andrés murieron en 2007, Rafael en 2024, Arturo en 2025 y Cruz Leonardo, de 16 años, durante la contingencia de septiembre de 2026.
Mientras las autoridades atienden emergencias y buscan contener el agua en distintos sectores, la estimación de Matamoros coloca sobre la mesa el costo de dotar a Juárez de un sistema pluvial adecuado.
La lluvia puede ser el detonante, pero la infraestructura, su mantenimiento y la prevención son los factores que determinan cuánto daño deja a su paso, incluidas las pérdidas humanas.
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