Chihuahua disminuyó su índice de homicidios durante agosto pasado, pero eso no impidió que continuara en el tercer lugar nacional en la incidencia de ese delito.
Según datos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) del Gobierno federal, Chihuahua habría cerrado el mes con 84 casos, la tercera cifra más alta, solo por debajo de Sinaloa, que registró 109, y Guanajuato, con 98.
Autoridades estatales y federales informaron este 1 de septiembre que se había logrado una reducción sustancial en el registro de homicidios: la presidenta Claudia Sheinbaum citó una caída del 50 por ciento respecto a la cifra registrada al inicio de su sexenio, mientras que el Gobierno de Chihuahua señaló que agosto de 2026 fue el mes menos violento desde 2016.
La reducción lograda durante agosto no impidió que Chihuahua y otras seis entidades del país acumularan el 53 por ciento de todos los homicidios registrados durante ese mes.
Esas entidades son Baja California, Chihuahua, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Michoacán y Sinaloa.
De acuerdo con las cifras de la SSPC, en agosto de 2025 se registraron 118 homicidios, mientras que en el mismo mes de 2026 fueron 84, lo que representa una reducción de 34 casos y una baja porcentual del 28 por ciento.
Respecto a los totales de los primeros ocho meses de cada año, al cierre de agosto de 2025 se contabilizaban mil 044 homicidios, mientras que, a la misma altura de 2026, la cuenta era de 857: una reducción de 187 casos, equivalente a una baja del 17.9 por ciento en la incidencia de ese delito.
Hay crimen, pero no criminales en la cárcel
“Crimen sin castigo”. Esa es, en pocas palabras, la realidad que enfrenta Chihuahua y una de las razones por las que el estado permanece entre las entidades con mayor incidencia de homicidios en el país, advirtió el criminalista Carlos Ochoa Quiroz.
El especialista consideró que mientras quienes cometen asesinatos perciban que existe una baja probabilidad de que los detengan, juzguen y sentencien no habrá un verdadero efecto disuasorio sobre la delincuencia.
“Hagamos lo que hagamos, seguimos con medalla de bronce en homicidios”, señaló Ochoa Quiroz, al referirse a la posición que Chihuahua mantiene entre los estados con mayor número de asesinatos.
Explicó que el problema no se limita a la capacidad de las corporaciones policiales para detener delincuentes, sino que comienza desde la investigación y la integración de las carpetas hasta su presentación ante los jueces.

De acuerdo con el criminalista, menos del cinco por ciento de las carpetas de investigación por los distintos delitos llegan a judicializarse, lo que representa una debilidad considerable del sistema de procuración de justicia.
“Eso significa que la autoridad batalla muchísimo con la judicialización”, afirmó.
Como ejemplo, mencionó el caso de un hombre que, bajo los efectos de las drogas, provocó un accidente cerca del Hospital Ángeles, en el que perdió la vida una persona, y posteriormente obtuvo su libertad mediante la reparación del daño.
Para Ochoa Quiroz, casos de esta naturaleza contribuyen a generar entre los delincuentes la percepción de que las consecuencias por cometer un delito pueden ser limitadas.
“En pocas palabras, el mensaje es que no se va a pagar”, resumió.
Hasta mil 500 carpetas por policía
El problema se vuelve todavía más grave por la carga de trabajo que enfrentan los investigadores y agentes del Ministerio Público.
El especialista recordó que en Ciudad Juárez hubo policías dedicados a investigar homicidios que llegaron a tener bajo su responsabilidad entre mil y mil 500 carpetas de investigación.
“Era terrible”, expresó.
Con semejante carga, añadió, resulta prácticamente imposible investigar a profundidad cada asesinato, reunir las pruebas necesarias, identificar a los responsables y llevar los casos hasta una sentencia.
Además, señaló que existen carpetas que permanecen abiertas durante años.
Ochoa Quiroz reconoció que dentro de las instituciones existen elementos con gran capacidad y compromiso, pero sostuvo que el número de agentes y su preparación no son suficientes para enfrentar la magnitud del problema.
“Hay gente muy valiosa, pero no se da abasto”, indicó.
A ello se suma, dijo, que el entrenamiento que reciben algunos agentes del Ministerio Público no es el adecuado para enfrentar investigaciones cada vez más complejas.
Homicidas cada vez más difíciles de atrapar
El criminalista advirtió que otro de los problemas es la profesionalización de algunos de los responsables de los homicidios.
“Los homicidas diestros son dificilísimos de atrapar”, afirmó.
Explicó que existen individuos que han desarrollado conocimientos y métodos para planear un asesinato, ejecutarlo y evitar dejar evidencias que permitan identificarlos.
“Son quienes se han dado un autoentrenamiento”, señaló.
Por ello, consideró que no basta con incrementar la presencia policial en las calles: es indispensable fortalecer las capacidades de investigación criminal y, particularmente, la posibilidad de convertir una investigación en una acusación sólida ante los tribunales.
Ochoa Quiroz subrayó que las deficiencias del sistema de justicia no corresponden exclusivamente al actual Gobierno estatal.
“No es de esta administración”, enfatizó.
Desde su perspectiva, se trata de fallas estructurales que vienen de administraciones anteriores y que se hicieron especialmente visibles durante el Gobierno de José Reyes Baeza, cuando, sostuvo, los homicidios se dispararon y los delincuentes comenzaron a percibir que las consecuencias de sus actos importaban menos.
Las administraciones posteriores, añadió, han realizado acciones para proyectar una imagen de control, pero el problema fundamental continúa siendo la capacidad para investigar y judicializar las carpetas.
Incluso una eventual reducción de los homicidios, consideró, no necesariamente significaría que el sistema de justicia se haya vuelto más eficaz.
“Si disminuyó, fue por factores ajenos a la judicialización; tal vez hubo menos motivos para cometerlo”, sostuvo.
Polarización, un caldo de cultivo
El especialista también advirtió que el ambiente de polarización política puede contribuir a crear condiciones propicias para los delitos de alto impacto.
Aclaró que la confrontación política no provoca directamente los homicidios, pero sí puede generar un entorno social que favorezca su ocurrencia.
“La polarización no los causa, pero sí deja un caldo de cultivo para que ocurran”, afirmó.
En una entidad que acumula durante años un elevado número de homicidios, agregó, el problema puede volverse todavía más difícil de revertir.
Si existen individuos especializados en matar y, al mismo tiempo, perciben que la posibilidad de ser detenidos y castigados es reducida, los incentivos para abandonar esa actividad son prácticamente inexistentes.
Por ello, concluyó, el desafío para Chihuahua no consiste únicamente en reducir la cifra de homicidios, sino en romper el círculo de impunidad que permite que un asesinato sea seguido por otro, sin que necesariamente exista una consecuencia judicial para quien lo cometió.
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