Su familia nunca vio la garrapata; entre diagnósticos equivocados y la distancia al hospital, la enfermedad avanzó hasta una etapa mortal en tan solo una semana
Blanca Elizabeth Carmona
Víctor Alexander Rodríguez Luévano falleció una semana antes de cumplir ocho años. Cuando fue ingresado al Hospital Infantil de Especialidades, el personal médico no pudo hacer mucho porque la bacteria de rickettsia había avanzado a una etapa mortal.
Los síntomas iniciaron una semana antes de que muriera: primero presentó dolor de estómago, vómito, luego fiebre, dolor de cabeza y de piernas, acompañado de una sensación de estar débil, recuerda Adelaida García Zamora abuela adoptiva del pequeño Víctor.
La mujer también narró que la mamá de Víctor lo llevó a una farmacia Similares para una consulta. El médico que lo atendió, dijo que presentaba una infección en el estómago y prescribió algunos medicamentos.
Pero Víctor Alexander continúo sintiéndose mal y la familia regresó a otra sucursal de la misma cadena de farmacias, donde un doctor les indicó que tenía influenza y les recomendó que buscaran atención médica en el Hospital Infantil de Especialidades.
Debido a la falta de un transporte particular y a la distancia a la que se encuentra la casa familiar –en la colonia Praderas del Sol– del Hospital Infantil, el menor fue llevado al Centro de Salud de Águilas de Zaragoza, donde le diagnosticaron sarampión.
“Lo volvieron a llevar a Similares y le decían que era infección, que era infección. De ahí no lo sacaron. Ya por última vez lo llevaron a otras Similares y ahí lo mandaron al hospital ese Infantil, pero la mamá lo llevó a Águilas de Zaragoza y ahí le dijeron que era sarampión. Entonces, de ahí lo mandaron allá (Hospital Infantil de Especialidades) y allá le dijeron que era picaduras de garrapata. Es lo que dijeron, ya de ahí el niño murió”, recuerda Adelaida.
Cuando llegó, ya era tarde
Unas dos horas después de haber ingresado al nosocomio, el domingo 12 de abril, el niño perdió la batalla.
“Se llenó mucho de granitos, todo su cuerpo y sus manos”, dice Lizeth Alvarado, tía de la mamá de Víctor Alexander.
La familia de Víctor no tiene perros ni sabe cómo y ni en qué momento fue mordido por una garrapata. Pero los estudios de laboratorio confirmaron que padecía de la bacteria de rickettsia, la cual se trasmite a través de la mordedura de garrapatas, pulgas o piojos infectados.
“Al niño antes de llevarlo a la Similares, se (le) revisó, todo su cuerpo. Cabeza, pies, entrepiernas, todo se le revisó y no traía garrapata. Entonces ya de ahí el niño empezó con vómito también, traía vómito, dolor de cabeza, calentura y dolor, y ahí pues lo empezaron a llevar a las Similares”, detalla Lizeth.
La notificación en el velorio un cumpleaños que no llegó
Cuando el pequeño era velado en su casa de la colonia Praderas del Sol –al suroriente de Ciudad Juárez– personal de la Secretaría de Salud acudió para avisar cuál fue la causa de muerte y a iniciar acciones preventivas, básicamente la fumigación.
“Vinieron cuando el cuerpo del niño estaba aquí tendido. Y ahora otra vez vinieron, pero nomás vinieron a buscar alguna garrapata, se pasearon en todo el patio y dijeron que iban a hacer otra fumigación. Hoy vinieron, pero no fumigaron, nomás vinieron a revisar, anduvieron revisando atrás, aquí enfrente, adentro y dijeron que iban a programar para volver a venir a fumigar”, cuenta Lizeth,
La familia de Víctor Alexander no puede creer que una persona con tanta vida por delante haya muerto en cuestión de días y de una enfermedad apenas perceptible.
“Fue muy duro para nosotros, pues imagínese… uno lo quiere y pues a uno sí le pudo mucho su fallecimiento, hasta la fecha estamos como que no lo podemos creer, era un niño de 7 años que tenía mucha vida por delante y no lo podemos asimilar, el porqué de las cosas; estamos buscando alguna respuesta”, expresa con tristeza Lizeth.
El 18 de abril, Víctor Alexander iba a cumplir ocho años.
