La enfermedad fue confundida con influenza y en cuestión de días Joana González murió por rickettsia; hoy, entre el duelo y el miedo a otra garrapata, su esposo José Miguel repite una frase que resume la tragedia: “No puedo vivir sin ella”
Blanca Elizabeth Carmona
José Miguel Bernal Reyes quería recuperar a Joana Margarita González. La acompañó en la enfermedad, la esperó para enfrentar juntos cualquier adversidad y le hizo prometer que no iba a cometer ninguna tontería.
Joana también le aseguró que estaba recuperando la salud. Sin embargo, unas horas más tarde murió a consecuencia de la bacteria rickettsia.
“Pues la verdad yo no soy nada sin ella”, afirma con tristeza José Miguel, para luego recuperar unas palabras de Joana.
“Prométeme una cosa, si me llega a pasar algo, no hagas tonterías, yo no te quiero allá conmigo”.
Él se comprometió a seguir adelante, pero desde que ella falleció el pasado primero de abril, siente que perdió la motivación para continuar con su vida.
En la primera visita que recibió en el Hospital General, Joana le expresó a su pareja que estaba preocupada porque sabía que él era muy sensible y débil, y le hizo prometer que seguiría adelante sin importar lo que pudiera ocurrir.
Al día siguiente, primero de abril de 2026, cuando José Miguel regresó a la visita de las 11:00 horas, no le permitieron entrar. Para ese momento Joana tenía tres horas de haber fallecido, pero el personal del Hospital General no notificó a la familia.
“Entré en shock, no, no lo podía creer, porque pues ella era muy fuerte y de hecho sus amigos, sus amistades tampoco, no lo creían. Decían ‘¿cómo? Si era bien fuerte, bien luchona’”, recuerda.
Vacía la casa para espantar el miedo
Unos días después de la muerte de Joana, con cierta desesperación y temor, José Miguel vació los clósets de su casa ubicada en la calle Amanecer de la colonia Tierra Nueva.
Sacó ropa, cajones, zapatos y diversos objetos donde piensa que podría alojarse alguna garrapata infectada con la mortal bacteria.
Un montón de prendas de vestir y artículos del hogar permanecen dispersos frente a su domicilio y el porche está copado de objetos.
Pero él sigue sacando más y más artículos en un afán por limpiar y no exponer a su padre de 70 años de edad y a sus tres hijos de 10, 12 y 14 años.
Joana Margarita dormía con una perrita de la raza Mini Toy y, de acuerdo con la revisión que hizo el personal de los Servicios de Salud de Gobierno del Estado, que acudió a fumigar tres días después del deceso de la mujer, ni siquiera tenía garrapatas.
En el patio de la vivienda vivían otros tres perros French Poodle. Todos los canes ya fueron regalados y José Miguel lleva casi una semana enfocado en limpiar sin poder olvidar lo rápido que evolucionó la enfermedad.
Aunque el personal de Salud ya fumigó, la vecina de José Miguel esparce detergente sobre el piso a lo largo del marco de la puerta, tratando de evitar que alguna garrapata entre en su propiedad.
La familia de la mujer fallecida pide ayuda para que personal de Limpia acuda a recoger toda la ropa y objetos que han sacado.
La enfermedad avanzó en silencio
Todo comenzó con dolor de huesos y escalofríos. Al inicio, la pareja confundió el padecimiento de Joana con una gripe y decidió acudir a una consulta médica en una farmacia Similares.
El doctor del establecimiento les confirmó que era influenza y le dio un tratamiento. Las medicinas disminuyeron la fiebre y parecía que se estaba recuperando, pero con el paso de los días aparecieron puntos entre rojizos y morados, o petequias, en todo el cuerpo.
“Sí, me dieron medicamento, se lo estuve dando, le bajaba temperatura y todo, pues ya así quedó. Se recuperaba y ya cuando le vi los moretones, todos los moretones así sobre el cuerpo, ya no pudo caminar, se paralizó. Entonces fue cuando ya opté por llevarla al Seguro; si le tocaba, le dolía, ya le dolía mucho”, dice José Miguel.
La familia no sabe en qué momento la garrapata mordió a Joana Margarita González. Creen que mostró los primeros síntomas unos 14 días antes de morir y que la mordedura la tenía en uno de los brazos.
El 31 de marzo, Joana Margarita, de 40 años de edad, fue llevada en ambulancia al Hospital General. Los paramédicos le dijeron a la familia que iba en código rojo y al llegar al hospital fue ingresada de inmediato.
“Últimamente sueño con ella”
La familia tardó ocho días en reunir el dinero necesario para el entierro. Finalmente, la mujer originaria de Caborca, Sonora, fue sepultada en el panteón San Rafael.
“No puedo estar sin ella”, expresa José Miguel, casi sin aliento.
El hombre, quien es operador de transporte de personal, dice que no puede aceptar la partida de su mujer, la sueña y va a buscarla a la tienda donde laboraba.
“Como trabajaba aquí en una tienda y yo siempre llegaba y decía ‘oiga, está Joana, le habla, por favor’. Y la otra vez me levanté así en la mañana, entré, fui a la tienda y ‘oiga, está Joana’. Y pues nomás se quedaron todos serios, y yo agarré el rollo al último, ya me solté chillando. Últimamente me duermo y sueño con ella y me dice ‘ya no llores, ya échale ganas’”.
