El priismo chihuahuense sigue brindando momentos de gran emoción que marcarán historia por inéditos e indiscutiblemente espectaculares. Están los tricolores por designar a su candidato o candidata a la Gubernatura en un contexto de acciones que no tienen parangón en la historia política reciente del estado.
El gran dato referente de los trepidantes episodios que se han venido sucediendo uno tras otro lo tenemos con la aparición de precandidatos a la Gubernatura cual hongos después de una lluvia intensa en temperatura cálida. Repetimos los nombres para no dejar espacio a elucubraciones: Héctor Murguía, Marco Quezada, Graciela Ortiz, Lilia Merodio, Javier Garfio, José Miguel Salcido, Enrique Serrano, Marcelo González, Víctor Valencia, Oscar Villalobos y Jorge Esteban Sandoval. Abierta y públicamente ellos han dicho que buscan suceder a César Duarte Jáquez.
Salvo Garfio y Serrano, el resto hace fila con la mano levantada y en actividad permanente sin aparecer anotados en los planes de Palacio de Gobierno para tomar la estafeta como herederos, pero sí participando en la competencia virtud a que comparten con Palacio el control de importantes sectores del priismo chihuahuense y porque han tendido cables de acero en el poder tricolor nacional que los hace igual de competitivos.
Todos los que ahora aparecen como opositores a Palacio por la Gubernatura y/o como abiertos críticos del régimen estatal pararon antenas desde que César Duarte tomó el poder bajo dos premisas de que solo los incautos podían dejar pasar bobita: “yo no soy Reyes Baeza”, y la celebérrima: “el poder es para poder”.
Pasaron los primeros tres años del sexenio entre duelos de vencidas, posicionamientos y malabares presupuestales. Fue una etapa de sinsabores y quizá hasta de arrepentimiento por las negociaciones armadas para recibir la candidatura “a la grande” sin pataleos peligrosos. Cedió el ballezano diputaciones y las principales alcaldías a cambio de la Gubernatura, pero perdió tres años en su objetivo ulterior y secretamente anhelado: la Presidencia de la República.
Hasta el cuarto año fueron recogidas todas las canicas por Palacio y todos los espacios de poder entregados a los que formarían parte del grupo hereditario que haría posibles los planes futuros a nivel estatal y nacional; el mismo grupo que hoy pelea con uñas y dientes quedarse con Palacio, o mejor dicho, alargar por lo menos cinco años más su estancia en Palacio con Serrano o con Garfio al frente. Lo demás ya no se pudo; al menos por el momento no se observa que se pueda.
Gobernador siempre desea dejar gobernador. Barrio intentó dejar a Lalo Romero, Patricio movió varias piezas en ese objetivo pero ya tenía a Reyes en la cocina, Reyes deseaba íntimamente dejar a Cano. Ninguno lo consiguió. Duarte ha trabajado sin tregua ni descanso los últimos tres años para entregar la silla a su paisano Garfio o al juarense Serrano. De repente da la impresión de que se inclina más por su paisano, luego parece que le tiene más confianza al ahijado de los Bermúdez. Los propios colaboradores más cercanos de Palacio no han concluido quién de los dos es el bueno en el fondo del corazón duartista.
Pero “algo” le ha fallado al gobernador; fue quizá mostrarse con toda franqueza tan temprano como el inicio de su sexenio con las frases multidichas provocando que los liderazgos priistas que participaron como uno solo durante la campaña electoral se dispersaran, tomaran sus propias agendas, agarraran distancia de Palacio en el mejor de los casos y en el peor iniciaran una etapa de abierta confrontación.
Hoy participan en la pelea por el 2016 muchos precandidatos porque evidentemente, fuera de los delfines, el resto no se ha sentido a gusto ni cómodo con la forma de hacer las cosas por parte del régimen. Más aún, se han sentido excluidos tanto de la repartición del pastel como de las actividades propiamente partidarias. Se ven así mismos menos que ceros a la izquierda.
En ese tenor es que todos ellos han concluido que Palacio carece de la autoridad política necesaria para invitarlos o convocarlos a seguir por la misma ruta de acción que ha sido seguido durante el sexenio el duartismo y que tendría como nuevos conductores al alcalde de Chihuahua o al edil de esta frontera.
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En la medida de que los liderazgos tricolores fueron tomando distancia de Palacio y fueron armando su estrategia para buscar su propio pedazo de pastel, aun sobre las recomendaciones del gobernador para “respetar los tiempos” y concentrarse en sus respectivas funciones, el mismo grupo en el poder hizo lo propio de manera inequívoca para no soltar el pastel. La guerra estalló y salió del estado para trasladarse a donde finalmente serán tomadas las últimas decisiones, el centro del país.
Allá la historia ha sido distinta. Ninguno de los que corren tras la liebre seguirían en la competencia si desde el centro les hubieran pedido lo mismo que les solicitaron en Palacio: frenarse hacia el 2016. La realidad es que no únicamente no se detuvieron, sino que aceleraron la marcha y mostraron que van tan en serio sobre su meta que han conseguido varias travesuras muy duras para el ánimo de Palacio.
Primero impidieron que el gobernador alargara un año más el sexenio con aquel intento de minigubernatura que no pudo ser frenado más que de Los Pinos y/o desde la oficina principal de la Secretaría de Gobernación.
Paralelamente hubo un entusiasta activismo de Palacio por ingresar a la Presidencia de la República, en el que si bien debieron intervenir factores nacionales de poder que no se andan por las ramas es innegable que los elementos en contra del objetivo duartista fueron aportados por los Chihuahuas anti–Palacio.
La última fue la disputa por el PRI nacional. Fue una trepidante pelea de tiburones, cierto, pero los tiburones en el equipo del ganador Manlio Fabio Beltrones hubieran tenido mayores dificultades para quedarse con el premio mayor, antesala del 2018, si no es por el aprovisionamiento y pertrechos recibidos desde el territorio chihuahuense contra los Nuño–Duarte–Gamboa. Le dicen a Mirone que ahí fue removida hasta la vigente denuncia mantenida en la PGR contra Palacio.
Viéndolo todo en contexto, podemos arribar a una conclusión en el sentido de que ya hay piso parejo entre los participantes en la contiende por la Gubernatura aunque hablemos de un piso parejo conseguido a sangre y fuego por los opositores a Palacio.
Veamos solamente cuatro ejemplos: el caso Marco Adán Quezada fue hasta dramático porque un telefonazo menos –del centro– y su pellejo hubiera quedado en la cárcel. Graciela Ortiz fue sacada con bastante tiempo de anticipación de la Secretaría General de Gobierno en el presente régimen. Lilia Merodio ha trabajado toda la etapa de la precampaña por todo el estado con protección personalizada de sus padrinos en la Ciudad de México, porque los golpes locales han sido incesantes; solo le permitían “visitar” Juárez. Víctor Valencia sigue sin colocar un solo pie en Palacio, por muy funcionario federal de buen nivel que sea, debido a que está vetado totalmente. Los cuatro llevan adelante su campaña, sí, con oposición de Palacio, pero con la luz verde de los máximos dirigentes de su partido a nivel nacional.
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Esta semana quedó más que claro que todos ellos seguirán de frente la lucha por la candidatura y que Palacio no cederá en su empeño de convertir en candidatos a Serrano o a Garfio no solo porque son amigos y paisano uno de ellos, sino porque en política suele decirse que el año más complicado de un gobernador es el séptimo (es cuando salen todos los trapos al sol y los defensores desaparecen en el sexto año).
La comida que organizó para el alcalde de la capital del estado en Delicias el empresario Jaime Galván exhibió las ganas intensas de Duarte porque le suceda Garfio. Estuvo en primera fila el secretario de Hacienda y hubo ahí recaudadores de Rentas, presidentes de las juntas municipales de agua y presidentes municipales de la zona que debieron recibir la instrucción de asistir.
En el mismo momento que se desarrollaba la comida en Delicias, Duarte estaba al lado de Serrano en Juárez iniciando los preparativos para la visita del papa Francisco a esta frontera y sosteniendo reuniones en privado para fortalecer la precandidatura. Se dice que el gobernador le tiene más confianza al alcalde juarense para seguir sus indicaciones y estrategias que a Garfio, “pero Garfio es muy amigo suyo desde que nadaban juntos en el río Balleza, jugaban al calzón chino, correteaban por todo el pueblo y compartían las mismas travesuras en la escuela”; por lo tanto, la autonomía de Garfio respecto “del patrón” es mayor que la de Serrano.
La emoción está alcanzando su punto culminante, porque todos siguen apretando el paso y porque vienen eventos que necesariamente darán luces hacia el desenlace que, para el gusto de una gran cantidad de analistas, actores y operadores políticos tricolores, debe darse a la mayor brevedad para no colocar en mayor riesgo la unidad priista. Ya hemos hablado en columnas dominicales anteriores sobre algunos factores de riesgo aunque no hemos dicho lo que ocurriría con Teto y la mayoría de los otros precandidatos si el nominado es Serrano o Garfio, o viceversa, etc… Lo iremos detallando en los siguientes días.
La visita a Chihuahua capital del dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, ha generado enormes expectativas sobre el posible destape o señas del mismo, y también es revisado con mucho detenimiento el informe que un día antes de la presencia del sonorense rendirá la senadora Graciela Ortiz González.
Todos los grupos en disputa, todos, arman en estos momentos las acciones que desarrollarán esos días para hacerse notar con desplegados, acarreo de gente y posibles posicionamientos sobre todo en relación con Palacio.
Unos días después de esos eventos llegará la fecha fatal para que todos los funcionarios públicos renuncien, pidan licencia o se “separen definitivamente” de sus cargos si desean participar en la contienda del 2016. La ley no es clara al respecto ni siquiera en los conceptos pero la coincidencia generalizada y las jurisprudencias creadas indican que todos deben estar separados el seis de diciembre.
¿A poco renunciará la docena completa? Es impensable que eso ocurra pero con dos o tres que lo hagan subirán las apuestas, la incertidumbre y el tono de la disputa como nunca antes.
Don Mirone