Un día en el museo

19 diciembre, 2016 | 5:00 am

Antonio Flores Schroeder | NorteDigital

El área de Patología del Hospital General, reinaugurado en enero de 2014, tiene equipo de hace medio siglo. Es un viaje en el tiempo.

Foto: Norte

Son la 13:00 horas. Afuera del Hospital General parece un hormiguero. Vendedores ambulantes hacen su agosto en pleno invierno mientras dentro del nosocomio la gente ya no cabe en la sala principal.

El bullicio se intensifica mientras se avanza, pero al entrar al pasillo que conduce a la oficina de la dirección disminuye. El piso brillante y los splits en las oficinas de las secretarias forman parte del maquillaje nuevo del nosocomio reinaugurado en enero de 2014.

Desde esa parte hasta la puerta que conduce hacia el área de Patología parece que es un hospital casi de primer mundo. La realidad abre los ojos cuando el olor a formol se mete a los pulmones. Al subir las escaleras se evidencia que las autoridades prefieren invertirle al hospital para las fotografías que para contar con un mejor servicio al paciente.

Este sector del HG parece de la época del primer Mundial de Futbol en México. Todavía se trabaja con un microscopio que la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez donó hace 28 años. Aunque este aparato debería estar en un aparador de un museo, se encuentra en el escritorio donde el patólogo analiza las laminillas.

Luego, en otro espacio, hay un histoquinete que hasta el técnico José Luis Tovar se burla de su historia: “Tengo 30 años trabajando aquí y cuando llegué ya estaba en ese lugar”.

Otro microscopio que resalta en el recorrido es uno que solo debería de existir para los estudiantes, se trata de un Medilux 12–T que recuerdan los laboratorios de la federal 1 a finales de los años 80.

Pero hay aparatos más viejos, como el criostato que tiene al menos 70 años y un embebedor para inclusión, aunque este último por fortuna de los juarenses ya no se utiliza desde la reinauguración.

Baños maría de 20 años de antigüedad

También los baños maría, dice el técnico, tienen alrededor de 20 años. La verdad es que las autoridades de la pasada administración se preocuparon más en la fachada y que el piso brillara mucho, en lugar de comprar equipo médico nuevo.

A este nosocomio llegan piezas de pacientes del Hospital de la Mujer, del Capasits, de San Agustín, de Casas Grandes y de aquí mismo, y aún así la tecnología está para llorar y reír al mismo tiempo.

Al bajar por la escalera está la puerta del anfiteatro. Sobre una plancha hay dos cadáveres y están envueltos en sábanas de color azul. Deberían de estar en los famosos refrigeradores pero estos no se han comprado, y para que se mantenga frío el lugar hay un aire acondicionado acoplado para que haga las funciones necesarias para un anfiteatro.

En tiempos de calor esta área es el mismo infierno por el olor, dice un médico que relata la historia del lugar.

Por eso dicen que aquí se aparecen los muertos, agrega el especialista, tras explicar la falta de equipo para trabajar.

“La verdad que los patólogos se la rifan porque trabajan con las uñas, el microscopio se tiene que manipular algunas cosas de forma manual, porque ya no le sirven piezas”, agrega el técnico.

Tras caminar en el área de Patología se evidencia que ni siquiera la primera administración estatal panista de Francisco Barrio compró nuevo equipo.

Al salir de este lugar queda la impresión de haber visitado un museo de medicina mientras el olor a formol desaparece poco a poco; sin embargo, al pasar por la recepción y luego ver la fachada, parece en entre sueños un hospital de primer mundo hasta que un hormiguero de gente nos recuerda que estamos en México.

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