De política y cosas peores

31 diciembre, 2016 | 5:00 am

Catón | NorteDigital

El último del año

Foto:

¡Hoy! ¡Sí, hoy viene aquí “El chiste más pelado del año”! Es uno de los cuatro que aparecen al final de esta columnejilla. ¿Cuál de los cuatro es? Yo no lo sé. Mis cuatro lectores lo dirán, pero los cuatro merecen ese calificativo por su extremada sicalipsis. Antes de darles salida para rematar este año catastrófico haré una reflexión propia del día. Esa reflexión lo rematará aún más. Este día, el último del año, es propicio para volver la vista al año que se va y para meditar acerca del que viene. El 2016, no cabe duda, fue calamitoso. Llovieron muchos males sobre el mundo, y a México lo afligieron variadas desventuras. Por eso lo despedimos sin tristeza. Pero he aquí que entre tantos agobios que sufrimos recibimos también una grande bendición: el nuevo año nos encuentra con vida. Algunos a quienes conocimos o amamos no están ya con nosotros. Debemos por eso hacer hoy un alto en el camino y agradecer ese precioso don, el de la vida, al tiempo que evocamos con cariño a los que en este año nos dejaron. Hemos de recibir el año nuevo con esperanza y fe, agradeciendo al despertar cada mañana el regalo de un día nuevo. La gratitud es mi propósito mayor para este año, el 2017 de la era y el primero de los que serán. Que el Dios de los creyentes y el Lo que Sea de los que no lo son nos conserven la vida, la salud y las ganas de trabajar. O por lo menos la vida y la salud; tampoco es bueno pedir demasiado. Mientras tanto Deo gratias, y gracias a mis cuatro lectores por su compañía, su afecto, su comprensión y su bondad. Para todos ¡feliz Año Nuevo!…Y ahora he aquí los cuatro vitandos cuentecillos que anuncié ut supra, o sea arriba. Cualquiera de ellos puede merecer el dudoso honor de ser llamado “El chiste más pelado del año”. Escójanlo mis cuatro lectores. A las personas pudibundas, de virtud estricta, con tiquismiquis o requilorios de moral, les pido de la manera más atenta que se abstengan de leer esos relatos, pues son propios de bigardos y llevan un alto contenido de picardía, lo cual los hace impropios para personas de criterio estricto. Quienes los lean lo harán bajo su riesgo. Una vez leídos no se admitirán reclamaciones. Chiste número 1. Firulito, joven adamado y de atiplada voz, participó en un programa de preguntas y respuestas en la televisión. Le pidió el conductor: “Diga usted cuál es el dulce típico de la bella ciudad de Linares, Nuevo León”. Dudó el concursante, y luego respondió: “El camote”. Dijo el locutor: “Es la gloria”. Y exclamó Firulito vivamente: “¿Verdad que sí?”. Chiste número 2. Empédocles Etílez y Astatrasio Garrajarra no solo eran amigos de parranda: también eran compadres. Cierto día, aprovechando que su esposa y sus hijos habían salido de vacaciones, Empédocles invitó a su contlapache a que lo visitara en su casa. Cuando llegó Astatrasio el anfitrión lo condujo al comedor y puso con energía sobre la mesa una botella de licor al tiempo que anunció, imperativo: “Nos la vamos a chupar, compadre”. Preguntó tímidamente Garrajarra: “¿Y la botella para qué es, compadre? ¿Para darnos valor?”. Chiste número 3. En la clase de aritmética el maestro enseñaba a los niños a dividir. “A ver, Pepito –preguntó–. ¿69 entre 3?”. Respondió con rapidez Pepito: “No se puede, profesor”. Chiste número 4. Susiflor y Rosibel se casaron por las mismas fechas. Con sus respectivos novios, desde luego. La aclaración es pertinente porque con eso del matrimonio igualitario ya no se sabe. Regresaron de la luna de miel y se encontraron en el aeropuerto. Después de saludarse y charlar brevemente quedaron de verse luego para comentar sus experiencias. Le pidió Rosibel a Susiflor: “Llámame”. Respondió Susiflor bajando la voz: “Yo también”. (No le entendí). FIN.

            

MIRADOR

Por Armando FUENTES AGUIRRE

                                   Oración de fin de año

                        

                        Gracias, Señor, por todas mis mañanas

                        hechas de luz, y pájaros, y viento.

                        Por la estrella sin número y sin dueño

                        que hiciste por que yo la contemplara.

                        Por la cintura azul de las muchachas,

                        y por la frente blanca de los viejos,

                        y por el sueño con que a veces sueño,

                        y por mi cuerpo gracias, y por mi alma.

                        Mucho me has dado a mí, que soy tan poco.

                        Hasta te diste tú, nieve en el lodo…

                        ¿Qué para ti, Señor, no dejas nada?

                        Gracias, pues, por mi mundo, niño y loco.

                        Y gracias por mi vida. Y, sobre todo,

                        gracias porque he aprendido a decir: Gracias.

                        ¡Hasta mañana!…

                        

MANGANITAS

Por AFA

“… Hoy es el último día del año…”

            Con ánimo bien sereno,

            y esperando otro mejor,

            decía cierto señor:

            “¿Es el último? ¡Qué bueno!”

¿Qué opinas de este artículo? Déjanos tu comentario

Entradas relacionadas

Hoy no es el día más triste del año

16 enero, 2017 | 2:37 pm

2016, el año donde todo salió al revés

1 enero, 2017 | 5:00 am

65 queries in 0,803 seconds."

MULTIMEDIA

Síguenos