Luchan por llenar los estómagos de niños hambrientos

30 agosto, 2015 | 3:00 am

Hérika Martínez Prado | NorteDigital

Agrupaciones juarenses apoyan a los menores que, por la extrema pobreza en la que viven, apenas alcanzan un alimento al día

Foto: Cortesía

Niños que han llegado a robar por hambre o sueñan que muerden una hamburguesa porque se durmieron con el estómago vacío, son parte de los cientos de menores en extrema pobreza que sin ayuda de ninguna autoridad sobreviven gracias a asociaciones civiles de Ciudad Juárez.
Mundo de Paz, Organización Popular Independiente (OPI), Maná del Cielo, Servicios Educativos de Promoción Familiar y el Banco de Alimentos de la Fundación Pedro Zaragoza Vizcarra forman parte de la red de agrupaciones que apoyan a los juarenses que han caído en extrema pobreza.

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Mundo de Paz
Hace siete años, cuando la violencia comenzó en Ciudad Juárez, lejos de huir, Jovita Payán, su esposo y su hija decidieron apoyar a los más necesitados del sur de la ciudad bajo el nombre Mundo de Paz, y después de ayudar durante dos años a niños de la colonia Granjas de Chapultepec, hace cinco años se instalaron en la José Sulaimán, donde atienden de 35 a 40 menores, desde recién nacidos hasta los 15 años de edad.
Los recursos no son suficientes para darles todos los días de comer, pero decidió darles de cenar los miércoles y de comer los sábados y domingos.
“Les damos cena porque me han comentado los niños que a veces no comen y que hasta sueñan que se están comiendo una hamburguesa porque se acuestan con la panza vacía”, dijo Jovita.
Los fines de semana, de 11 de la mañana a 3 de la tarde, además de darles comida les ofrecen clases de música, deportes, manualidades y valores, porque el objetivo no es solamente alimentarlos, sino convertirlos en buenas personas.
“Les llevamos jugos, sodas, paletas y un día al mes festejamos a todos los que cumplen años; yo quisiera tener abierto las 24 horas del día, pero no hay recursos”, lamentó.
El comedor Mundo de Paz apoya a los menores gracias a las donaciones que hacen amigos de sus directivos, ya que los niños siempre necesitan ropa, zapatos, útiles escolares y alimentación.

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‘Allí está el cartoncito’
La mayoría de los niños vive con madres solteras, viudas a raíz de la violencia, o son hijos de papás que están presos.
Las madres de familia trabajan, pero ganan el mínimo y necesitan mucho apoyo; la mayoría limpian casas o venden ropa usada.
Dos trabajan en la maquiladora, pero una tiene cinco hijos, la otra tiene cuatro y un sueldo no les alcanza para alimentarlos y comprarles todo lo que necesitan.
Los niños le platican que los días que no van al comedor, su papá los manda a la tienda con “el cartoncito”, en el que les apuntan lo que les fían.
A otros, sus mamás les dicen antes de trabajar “ahí está el cartoncito, compras una pasta y un kilo de tortillas y les das a tus hermanos”, por lo que no se alcanzan a llenar.
“Aunque el presidente –Enrique Serrano Escobar– diga que no hay hambre, sí hay hambre. Por eso yo pienso tener el comedor hasta que Dios me ayude”, aseguró la mujer que tiene que servir a los niños bajo una carpa, porque aunque la Administración pasada le había asignado un terreno, la nueva se lo quiere quitar, argumentando que está en un área habitacional.
En meses como diciembre llegan hasta 300 niños a Mundo de Paz, con la ilusión de tener un juguete.

En el resto de la ciudad
Del otro lado de la ciudad, en la colonia Felipe Ángeles, en el norponiente, la Organización Popular Independiente (OPI) ha detectado niños que incluso roban en las tienditas de su colonia para poder comer, aseguró su directora, Catalina Castillo.
Son niños menores de 10 años que han sido sorprendidos por los dueños de las tienditas de abarrotes robando galletas o papas fritas para poder comer, y cuando les preguntan por qué lo hicieron responden “porque tenían hambre”, ya que sus mamás llegan hasta las 6 de la tarde de la maquiladora y es cuando la mayoría puede comer.
En la colonia Lindavista, en el sur poniente de la ciudad, el comedor Maná del Cielo, de la asociación civil Extiende tus Alas, dan de comer los lunes, jueves y viernes a cerca de 50 niños de 4 a 13 años, de las zonas aledañas.
La mayoría de sus padres tienen trabajos informales. Pocos trabajan en la maquiladora, pero tampoco les alcanza el dinero, dijo Mariel Aguilar Puentes.
Uno de ellos tiene cuatro hijos: uno en la preparatoria, dos en secundaria y uno en primaria, por lo que el bajo sueldo no le es suficiente.
“Todos los niños necesitan. Les hemos dado zapatos que nos dan usados pero en buen estado, y pasa el tiempo y los vemos que todavía los traen”, dijo la joven que junto con sus hermanas y un grupo de amigos conforman la asociación.
Los apoyos que logran dar son a través de donaciones de amigos y personas que se han comprometido con los niños, como el dueño de una tortillería que les regala las tortillas, el de una carnicería que les da descuento del 50 por ciento y personas que cada semana o cada mes les obsequian 50 o 100 pesos.
Mariscos de Mazatlán también los apoya, y dos veces al mes dos meseros les llevan la comida preparada a los niños.
“Claro que sí hay necesidad, aquí lo vemos… hay casos que nos han platicado que nada más desayunan o nada más hacen una sola comida”, comentó la activista.

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